The beauty language

El maquillaje no se aprende, se hereda. Y como todo idioma, cada una tiene el suyo. Estas son las herramientas que por fin hacen que lo que sabes decir, se entienda.

Texto: Valeria Aparicio

Aprendí a maquillarme mirando. No en tutoriales, no en revistas, mirando. Mirando cómo mi hermana mayor se ponía el rubor siempre hacia arriba, nunca hacia abajo. Cómo el delineado no era una línea perfecta sino un gesto que se repetía hasta que salía bien. Cómo un labial rojo podía cambiar completamente la forma en que una persona entraba a un cuarto. Eso no se aprende en diez minutos de video, se absorbe, se imita, se hace propio con el tiempo hasta que un día te das cuenta de que tienes tu propio dialecto.

El maquillaje es exactamente eso, un idioma. Y como todo idioma, tiene su gramática, una lógica interna que cuando la entiendes, puedes decir exactamente lo que quieres decir con tu cara. El problema es que durante mucho tiempo, las herramientas no estaban a la altura del conocimiento. Tenías el hack perfecto, pero la brocha equivocada hacía que el resultado no fuera lo que imaginabas. Real Techniques cambió eso. Por eso te comparto mis cinco brochas favoritas, que estoy segura, no pueden faltar en tu cosmetiquera.

Para una piel de porcelana

Ese acabado pulido y perfecto no se logra saturando la cara de producto, sino difuminando bien. Para que la base no se sienta pesada, lo mejor es trabajarla con la Expert Face Brush (#236) en movimientos circulares desde el centro hacia afuera. El secreto es cómo integra el producto, dejas de ver el maquillaje y empiezas a ver una piel uniforme, suave y de porcelana que sigue pareciendo tuya. Es el primer paso para que todo lo demás luzca.

Blend, blend, blend!

Es mi mantra personal. Si crees que ya terminaste de difuminar, difumina un poco más. En los ojos, el secreto es que no se note dónde empieza el color y para evitar esos cortes bruscos, la Deluxe Crease Brush (#300) es clave. Es tan suave que convierte cualquier sombra plana en una con profundidad y movimiento, como si estuvieras suavizando las palabras para que la mirada se entienda mejor.

Blush my love!

Acepto que tengo una obsesión (y quizá un poco de blush blindness), pero es que el rubor es ese gesto que nos devuelve la vida al instante. Para que no parezca que solo me puse dos manchas, uso la Blush Brush (#400) con movimientos ligeros. Sus cerdas son tan suaves que ayudan a que el color se funda con la piel y se vea como un brillo natural, por más capas que decida ponerme.

Bold lips

Hay días en que los labios son toda la frase y no necesitan compañía. Pero seamos honestas: un color fuerte no perdona un mal trazo. Para que el resultado sea limpio y no se vea “corrido” a los cinco minutos, la Lip Brush (#301) es mi salvación. Me da una precisión que el labial directo del tubo no tiene, permitiéndome definir los bordes y rellenar con la seguridad de que el color se va a quedar exactamente donde quiero.

ue nada se mueva

No hay nada peor que dedicarle tiempo a tu look y que a media tarde ya se haya esfumado. Para que todo se quede en su lugar, sello los puntos estratégicos con la Setting Brush (#402). Es pequeña y precisa, así que me permite aplicar el polvo justo donde lo necesito (como la zona T) sin apagar ese brillo natural que tanto nos costó lograr. Es el punto final de la frase; ese detalle que asegura que tu historia aguante el ritmo de todo el día.

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