Durante décadas la tecnología quiso convertirse en una navaja suiza. Ahora el lujo consiste en volver a comprar cuchillos.

Hoy en día resulta extraño comprar un aparato que hace cosas que ya hace tu celular, incluso con menos eficacia. En los últimos veinte años la tecnología tuvo la ambición de meterlo todo en el mismo rectángulo. El smartphone absorbió al reproductor de música, la cámara, el mapa, la agenda, la libreta, la calculadora, el despertador, la consola portátil, la cartera, el espejo y hasta esos silencios raros que antes existían entre una cosa y otra. Ganamos comodidad pero terminamos viviendo dentro de un solo objeto.
El problema no fue que el teléfono pudiera hacerlo todo. El problema fue descubrir que nosotros también intentamos hacerlo todo al mismo tiempo. Por eso el regreso del iPod tiene algo de síntoma generacional. Se vendieron 450 millones de estos dispositivos desde su presentación oficial hasta su extinción.
Apple descontinuó el iPod en 2022 cuando fue inevitable aceptar que uno de los productos más importantes de la cultura musical reciente se había convertido en un aparato inútil. Su música, dijo la empresa, ya vivía en otros dispositivos. Técnicamente era cierto. Pero la experiencia de escuchar música sin interrupciones seguía siendo una necesidad latente y silenciosa. A pesar de esto, la Associated Press de Estados Unidos reportó un crecimiento de 48% en las ventas del iPod entre 2024 y 2025,
El iPod no está regresando porque Spotify no funcione. Está regresando porque WhatsApp funciona demasiado bien. Porque no hay disco que resista un correo urgente, una alerta del banco, un mensaje de trabajo y tres notificaciones de una app que ni recuerdas haber instalado. Algo parecido a lo que ocurrió con el vinilo. No volvió porque fuera más práctico que el streaming, sino porque pesa, ocupa espacio y obliga a cierto ritual.
Cada vez veremos más dispositivos de un solo uso. No es igual al regreso de lo analógico pero también obedece principalmente a la nostalgia. No tiene sentido pero es muy posible que regresen las cámaras digitales que toman malas fotos de la misma manera que volvió Polaroid, no se ve mejor pero tiene su atractivo cercano, cálido, familiar, como gustes nombrarlo.
La nueva nostalgia tecnológica también obedece a un cansancio. Queremos volver a escuchar música sin estar disponible. Leer sin caer en Instagram. Tomar una foto sin publicarla cinco segundos después. Ver la hora sin revisar treinta cosas más. Durante años, lo inteligente era tener un aparato capaz de hacerlo todo. Ahora empieza a sentirse inteligente tener objetos que no puedan hacerlo todo. Aparatos limitados, tercos, específicos. Cuchillos, no navajas suizas. Cuchillos hechos solo para tener el mejor filo.






