El erotismo se transforma con los años y muchas parejas creen que el amor se acabó. La verdad es otra y el deseo se puede reconstruir.

Son las once de la noche. Uno revisa el celular, el otro ya se dio la media vuelta y el sexo volvió a quedar para mañana. Si te suena, no estás roto ni dejaste de querer a tu pareja. Claudia Lobatón, Psicóloga, educadora sexual y sexóloga clínica especializada en dificultades sexuales de Platanomelón México, lo escucha a diario en el consultorio, donde la frase estrella es “ya no le gusto a mi pareja”, y casi siempre es mentira. Lo que observa en su práctica lo confirma. “Al inicio de una relación, más del 80% de las parejas dice estar satisfecha en la cama, y tres años después, cuando baja el enamoramiento, esa cifra cae al 20%”. No es que el amor se acabe, sino que nadie nos enseñó que el deseo se cultiva.
El mito que nos vendieron
“El deseo nunca es igual y es natural que vaya cambiando”, dice Claudia. Nos hicieron creer que funciona solo, como un interruptor, y en realidad se parece mucho más al hambre. A veces llega sin avisar y otras se enciende con un buen estímulo, como al oler unas palomitas. “El deseo se puede cultivar, aunque no nos enseñen a hacerlo. No es algo puramente biológico”. Y no nos enseñan porque, según Claudia, la educación sexual que recibimos suele estar hecha de miedo más que de placer. Así que cuando se acaba la novedad y el deseo deja de brotar solo, no sabemos cómo alimentarlo.
Lo que te frena sin que lo notes
Pensemos en el deseo como un auto. Hay aceleradores, como una caricia o una mirada, y también frenos. Unos son obvios, un “no es buen momento”. Otros trabajan en silencio, como ese “siento que no voy a tener buen desempeño” o “no me gusta mi cuerpo”. Por eso la comunicación pesa tanto, porque “es rara la persona que quiere tener un encuentro sexual con alguien que le cae mal”. Y ni el sexo de reconciliación lo arregla, porque “tiene que ver más con una descarga” y a la larga afecta más que ayuda. A esos frenos súmale estrés, trabajo y cansancio, y el encuentro se vuelve tan postergable como el sueño. Igual que con el descanso, si no le haces un espacio, no aparece.
La rutina no es la culpable
Aquí viene el giro. “La rutina en sí no mata el deseo, sino la falta de curiosidad y la falta de inversión en la relación”, advierte. Cambia el contexto y muévete de rol, porque muchas parejas se cansan de ser siempre quien inicia. Busca emociones fuertes sin dejar tu propio mundo. Ver a tu pareja haciendo lo que ama enciende la atracción, y por eso Claudia desconfía de las parejas demasiado parecidas, esas que “ya piensan igual y hasta se visten igual, y eso no suma”. Como recuerda la terapeuta Esther Perel, “la novedad necesita distancia”. Cuando dos personas se funden, se pierde el misterio.
Deja de tomarte el sexo tan en serio
El otro asesino silencioso son los guiones rígidos sobre cómo debería ser. “Si nos tomamos demasiado en serio el placer, se vuelve muy rígido”, dice. Recupera el juego, habla de fantasías y prueba algo nuevo aunque no te quedes con ello. No hay que medir todo por la penetración, a veces basta dormir sin pijama y dejar que la piel reconecte lo demás. Y ojo con el celular, porque “las pantallas disminuyen el deseo al robar la capacidad de atención”.



Se arregla hablando (sí, hablando)
El error más caro es pensar que “si hay amor, el deseo surge solo”. El segundo, medirlo por orgasmos o por número de veces, cuando “tiene que ver más con el nivel de satisfacción que con cuántas veces lo hagas”. A veces ni hay un problema de fondo, solo estás en modo supervivencia, y desde ahí cuesta desear. Lo que sí funciona empieza fuera de la cama. Habla desde el “yo” y no desde el “tú”, recuerda los mejores momentos y vuelve a reír con tu pareja.
No a todos nos prende lo mismo
Una clave que casi nadie cuenta. “No a todas las personas nos gusta lo mismo”, dice Claudia. Hay quien necesita conexión emocional, quien se mueve por el tacto y un masaje, quien se enciende con lo visual, y quien disfruta soltar o tomar el control. El error clásico es suponer que a tu pareja le prende lo mismo que a ti, y darle un masaje cuando quería que le amarraras. Pregúntaselo sin rodeos, ahí ya llevas medio camino.
Las parejas que sostienen las conversaciones incómodas suelen tener más satisfacción sexual. “La sexualidad no es una receta de cocina, pero si vas planeando descubrirte, seguramente vas a llegar a buen puerto”, concluye. Así que esta noche, antes del celular, date la vuelta hacia tu pareja. El deseo no regresa solo, pero tampoco se fue para siempre.
Preguntas para reactivar la conexión No buscan tener razón, sino entenderse. Regla de oro, habla desde el "yo" y no desde el "tú".
| Para el día a día | Para ir más a fondo |
| ¿Cuándo me sentí conectada/o contigo esta semana? | ¿Qué es lo que más te asusta hoy de la relación? |
| ¿En qué momento me extrañas más? | ¿Hay algo que yo haga que, aunque no te guste, entiendes por qué lo hago? |
| ¿Qué es lo que más te gusta verme hacer? | ¿Hay algo que te gustaría volver a probar? |
| ¿Qué hice o dejé de hacer que te molestó? | ¿Cuáles fueron nuestros mejores encuentros y por qué? |






