De vez en cuando conviene lucirte con tu pareja con una comida que no sea pizza o hamburguesas. Por lo regular cuando queremos lucirnos con algo fuera de lo común nuestro cerebro se topa con pared y pedimos sushi. Pues aquí te tenemos una buena opción para quedar como crack y mostrar que tienes mundo: la cocina armenia.










Por si no lo sabías (y ahora puede ser un gran tema de conversación en la cena), Armenia es uno de los países más antiguos del mundo. Está ubicado en la región del Cáucaso, entre Europa oriental, Rusia y Medio Oriente, y su historia se remonta a más de tres mil años. Fue el primer Estado en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301 d.C., mucho antes que Roma o Bizancio.
La cocina armenia es resultado de siglos de intercambio cultural, migraciones forzadas y vida comunitaria. Granos, hierbas, lácteos fermentados, carnes especiadas y técnicas de conservación nacieron tanto de la geografía montañosa como de la necesidad de compartir y preservar. Comer en Armenia siempre fue una forma de identidad y resistencia cultural.
Por eso su gastronomía no se organiza alrededor de un solo platillo emblemático, sino alrededor de la mesa compartida: muchos tiempos, muchos sabores, una sola conversación.












La belleza de comer al centro
En muchas regiones del Mediterráneo oriental existe una costumbre antigua que sigue funcionando mejor que cualquier técnica para romper el hielo: pedir varios platillos pequeños para compartir. A ese formato se le conoce como meze, y no es tanto una categoría gastronómica como una forma de estar en la mesa.
Cuando la comida llega al centro no existe esto es “lo mío” y esto es “lo tuyo”. Hay intercambios, combinaciones improvisadas y sugerencias de mezclas mientras alguien arma el siguiente bocado. Comer se vuelve conversación.












La cocina armenia se lleva particularmente bien con esa lógica. Es profunda sin ser pesada, especiada sin imponerse, y construida a partir de recetas que no buscan protagonismo individual, sino equilibrio en conjunto.
El lado exquisito
El lavash es un pan delgado y flexible que se usa para envolver, tomar y compartir. Está tan arraigado a la vida cotidiana armenia que su tradición fue reconocida como patrimonio cultural inmaterial.
Hay platillos que invitan a probar de todo un poco: jocoque con zaatar, la garbanza (que es el hummus armenio), hojas de parra, taboule, dumplings, diferentes versiones de kepe. Nada llega para comerse en silencio. Todo se pide para que alguien diga “prueba esto”.
Y cuando entran las brochetas al carbón, la mesa ya está armada. El humo, la carne, el pescado y los acompañamientos funcionan como cierre natural de una conversación que empezó mucho antes del plato fuerte.












En Ciudad de México existe una opción para probar esta comida, Luzine, Cocina armenia de doña Jazmín, que te brinda toda la experiencia de esta gastronomía con la garantía de pertenecer al Grupo Fisher’s.
Luzine no intenta recrear Armenia como postal. Lo que hace es algo más honesto: cruza la cocina armenia de Doña Jazmín con el músculo de Fisher’s y la técnica del carbón. Todo esto envuelto con desayunos estilo mexicano, otros platillos internacionales, postres y bebidas que te harán sentir en casa.
Prueba la comida armenia, a veces el verdadero detalle inolvidable no está en lo más caro o lo más cotidiano, sino en sentarse juntos, dispuestos a probar algo nuevo.





