Sunken Bar es el bar insignia del hotel de los Cabos The Cape, el cual bajo la mirada del chef Enrique Olvera ha renovado su carta y también su espíritu.

Despertar en el Pacífico
Un oasis que mezcla el lujo con la naturalidad de Baja California Sur, donde cada detalle está ahí con intención. Desde temprano, el bar comienza a latir. Convertido en espacio matutino, ofrece un menú fresco y reconfortante para quienes despiertan con el rumor del mar. Jugos prensados en frío, café artesanal, smoothies de temporada, pudín de chía con fruta local, tostadas de salmón, huevos orgánicos y platillos típicos como enfrijoladas o chilaquiles: todo servido con vista directa al horizonte.
Al mediodía, el foco cambia. Las mesas se visten de sabores del Pacífico, con una carta que rinde homenaje al mar con respeto y creatividad: tiraditos de pesca fresca, aguachiles verdes, ceviches cítricos, tacos de pescado en tempura, tostadas crujientes y guacamoles perfumados con hierbas del entorno. Todos los ingredientes provienen de productores locales certificados por el programa COMEPESCA, lo que garantiza frescura y prácticas sostenibles. En Sunken Bar, la trazabilidad también forma parte del sabor.












Alquimia al atardecer
Pero es al caer la tarde cuando Sunken Bar despliega su dimensión más seductora: la coctelería. Con el sol descendiendo sobre la Playa Monumentos, los cocteles comienzan a llegar a las mesas como pequeñas piezas de arte líquido. La carta, curada con precisión, es un recorrido por sabores que remiten a México pero sin nostalgia ni obviedades.
Desde reinterpretaciones de clásicos como mezcalitas cítricas, margaritas equilibradas, Negronis con acentos locales, hasta propuestas que coquetean con lo botánico, lo ácido o lo herbal, como el Bianco Spritz (vermut blanco, damiana, prosecco y soda) o un Old Fashioned elaborado con whisky mexicano, bitter de chocolate y piloncillo. Cada bebida está pensada para maridar con el ambiente.












Pausa frente al abismo
Sunken Bar es, ante todo, un espacio para detenerse. La terraza hundida, que da nombre al bar, permite una sensación de recogimiento sin encierro. Las charlas fluyen con calma, el oleaje acompaña sin interrumpir, y cuando es temporada, las ballenas saludan a la distancia mientras alguien brinda. Aquí no hay prisa. Hay momentos.









