Hoy, el mundo del diseño se tiñe de una melancolía profunda. Valentino Garavani, el legendario modisto italiano que fundó una de las casas de moda más icónicas del planeta, ha fallecido. Con su partida, se cierra uno de los capítulos más brillantes y glamurosos de la historia de la vestimenta contemporánea.
El Arquitecto del “Rojo Valentino”

Valentino no solo diseñaba vestidos, construía sueños en seda y encaje. Su mayor legado, además de su técnica impecable, fue el Rojo Valentino, una tonalidad vibrante y magnética que descubrió durante un viaje a la ópera en Barcelona en su juventud y que se convirtió en su firma personal. Para el diseñador, ninguna mujer pasaba desapercibida bajo ese color.
Una vida dedicada a la belleza
Nacido en Voghera en 1932, Valentino se formó en París antes de regresar a Roma para abrir su propia casa en 1960. Durante décadas, fue el favorito de las mujeres más elegantes del mundo: desde Jackie Kennedy, quien eligió un diseño suyo para su boda con Aristóteles Onassis, hasta estrellas de la era dorada de Hollywood y las alfombras rojas actuales.



Su visión siempre fue clara: realzar la belleza femenina sin concesiones. Sus desfiles en Roma y París eran eventos sociales de primer nivel, donde la sofisticación técnica se encontraba con un sentido del espectáculo que solo él sabía orquestar.
El fin de una dinastía



Acompañado siempre por su socio de vida y negocios, Giancarlo Giammetti, Valentino construyó un imperio que sobrevivió al paso de las tendencias fugaces. Aunque se retiró oficialmente de las pasarelas en 2008 con un desfile histórico en el Museo del Louvre, su influencia permaneció intacta a través de los años, inspirando a generaciones de directores creativos.
“Yo sé lo que quieren las mujeres. Quieren ser hermosas.” — Valentino Garavani.
Un legado que trasciende
Hoy recordamos a Valentino no solo como un creador, sino como el hombre que defendió la elegancia clásica en un mundo cada vez más casual. Su ausencia marca el final de la era de los grandes “emperadores” de la moda, pero su archivo —ese universo de bordados, tul y perfección— vivirá por siempre en cada prenda que lleve su nombre.





