El actor Armando Espitia habla de la paz que hoy busca, de los personajes que lo han confrontado y de su deseo de contar historias sobre la clase trabajadora de la Ciudad de México.
Fotografía: Juan Luis Lemus
Stylist: Manuel Delgado
Maquillaje: Pedro Aguirre
Cabello: Fernanda Ortiz
Entrevistal: Aarón Zavaleta
Producción: Juan Pablo Garcia

Hace años, ¿cómo entendías el éxito y qué significa para ti hoy?
La verdad es que cuando estaba más chavo tenía prisa y quería llegar quién sabe a dónde muy rápido. Conforme pasa el tiempo, te das cuenta de que vas corriendo rápido sin rumbo claro. Entonces, eso quiere decir que no tenía claro qué es el éxito. Hoy creo que tampoco tengo claro qué es el éxito, pero siento que está cerca cuando tienes paz, cuando tienes calma y cuando tu vida y tu familia están en calma, en paz y todo está bien. Creo que eso puede ser éxito. También creo que el éxito es momentáneo y que siempre hay subidas y bajadas en la vida. Con el tiempo aprendes a disfrutar esos momentos donde sí hay calma y paz, y es lo que más busco ahora.
¿Qué significa para ti asumir la actuación como un oficio y no como una extensión de la fama?
No quiero relacionar nunca la fama con la actuación. No creo que estén relacionadas naturalmente. Creo que la fama es circunstancial, se le da a muy pocos y se da como una circunstancia del trabajo real. A mí me gusta verme como un hombre que se levanta todos los días a trabajar, así sea para hacer castings desde casa o entrevistas como esta. Soy alguien que está constantemente trabajando.
Me acuerdo de que Janelle Monáe, una cantante, usaba un overol al principio y decía que era su uniforme de trabajo. En todos sus shows usaba un overol. Ahora ya es un fashion icon, pero al inicio usaba un overol y le gustaba decir que era su uniforme de trabajo. Así me gusta pensar a mí el trabajo de la actuación.
¿Cuál ha sido el personaje que más te ha confrontado contigo mismo?
Hubo una película en mis inicios que se llamaba Fuego adentro, de Jesús Mario Lozano, que se estrenó hace unos años en el Festival de Cine de Morelia. Mi personaje era parte del crimen organizado y la escena más fuerte era una narración de las escenas de violencia que desafortunadamente escuchamos en México. Mi personaje había ejercido esa violencia y la narraba. Es una película muy fuerte que me confrontó con muchos demonios. Además, yo era muy joven.
En Un hijo propio interpretas a un hombre enfrentando preguntas sobre la paternidad. ¿Qué cambió en tu propia idea de lo que significa ser padre después de interpretar a este personaje?
Creo que lo puedo asumir con más responsabilidad. No soy papá, entonces imaginarme todas las responsabilidades que implica para todos los implicados e implicadas asumir la paternidad y la maternidad me hace pensar mucho en la responsabilidad. Este personaje y esta película me acercaron un poco más a este mundo lleno de responsabilidades y de consecuencias que puede tener una decisión tan importante como traer a alguien a este mundo.
¿Qué cosas de la masculinidad que aprendiste de niño has tenido que desaprender como adulto?
Bueno, el contacto con las emociones, primero. El no callarlas, demostrarlas, exponerlas y evidenciarlas. La expresión de mis emociones, que de niño estaba castigada. En la sociedad y en mi familia estaba como: “No lo hagas, no llores, no llores, no llores”. Como adulto, y más en este trabajo de la actuación, tienes que aprender a ponerlas sobre una charla para que la gente las vea y comunicarlas. Es difícil. No ha sido sencillo, pero la actuación ha sido una gran ayuda para ablandar la masculinidad tóxica con la que casi todos los hombres crecimos en México.
¿En qué momento empezaste a sentir que ya no querías limitarte a interpretar las historias de otros y que también querías comenzar a contar las tuyas?
Siempre he tenido esa inquietud, pero el año pasado, que tuve un poco de tiempo libre, al final me puse a escribir y esto ha despertado el taller de guionismo con la maestra Beatriz Novaro. Me ha despertado muchas ganas de contar mis propias historias. Estoy en la búsqueda, quiero encontrar la forma, pero estoy en eso.
Me ha tocado ver a cineastas gigantes y talentosísimos en mi carrera, como Amat Escalante, Heidi Ewing, Maite Alberdi y Juan José Campanella. Inspirado por ellos es que quiero contar mis historias, inspirado también por Beatriz Novaro, que me dio ese taller de guion, y Claudia Sainte-Luce, que me dio otro taller de guion. Grandes maestras. Más bien es esa inspiración, a ver si un día lo logro.



¿Qué historias de México sientes que todavía están esperando a que alguien las cuente desde otro lugar?
Justo, yo creo que no sé qué historias faltan por contar, pero sí hay lugares y personas que faltamos por contar. Hay una visión todavía un poco más centralizada y quizá lejana de las clases trabajadoras en la Ciudad de México, porque solo voy a hablar de la Ciudad de México, ya que yo soy de allá.
Yo vengo de Iztapalapa y cómo se ha retratado Iztapalapa en el cine me parece que no es de la manera en que yo, que crecí ahí, lo puedo ver. Entonces me gustaría contar historias de gente normal en Iztapalapa que le batalla. Gente normal de clase trabajadora en la Ciudad de México, que no tienen que ser las historias que todos vemos en la Condesa o en la Roma, de publicistas o de guionistas. Quiero contar historias de personas comunes y corrientes con un punto de vista más empático.
En esta etapa de tu carrera realmente es una nueva temporada, como tú la has llamado. ¿Qué te gustaría que tuviera de diferente respecto a las anteriores?
Está teniendo más trabajo, lo cual está muy bien, y está teniendo más gente que me ve. También está muy bien, no porque quiera ser famoso, repito, sino porque es hermoso. El otro día fui a un concierto de K-pop y, mientras iba caminando, unas niñas de 15 años me reconocían. Una me dijo algo sobre una película que salió hace 12 años. Entonces me parece increíble. Me parecen increíbles esas conexiones que la televisión y el cine pueden crear.
Eso me gustaría que tuviera esta nueva temporada. También me gustaría que tuviera más paz y tranquilidad conmigo mismo y muchas más historias interesantes.
A veces me preguntan con qué directoras o directores famosos me gustaría trabajar o cuál es mi sueño. Yo tengo mis sueños muy claros: me encantaría trabajar con Cristian Mungiu, que ahora se está volviendo muy famoso, un director rumano, obviamente con Almodóvar, con muchos directores. Pero lo que más me gustaría es seguir descubriendo directoras y directores jóvenes con nuevas maneras de contar historias desde nuevas perspectivas y dejarme seducir por sus maneras de contarlas y prestar mi trabajo para ellas y ellos. Será un honor.



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