Entre la actuación, la música y una etapa de profunda transformación personal, Emilio Osorio encuentra en sus errores una forma de entender quién es y hacia dónde quiere llevar su carrera.
Fotógrafo: Alex Cordova
Stylist: Manuel Delgado
Muah (ella): Carlos Morales
Muah (él): Roberto Sierra
Rp (ella): Karla Ricalde para Talent on the Road
RP (él): Make It Prensa
Dirección de arte: Juan Pablo García
Entrevista: Aarón Zavaleta

Una nueva etapa
A sus 23 años, Emilio Osorio atraviesa uno de los momentos más activos de su carrera. La televisión, el cine, la música y los nuevos personajes se cruzan en una agenda que le exige disciplina, concentración y una capacidad cada vez mayor para sostener distintos proyectos al mismo tiempo. Pero detrás de ese ritmo existe también un proceso íntimo que ha definido buena parte de lo que está creando. “Desde muy chico me enseñaron que, cuando haces las cosas desde el amor y desde un lugar genuino, suelen salir mejor”, cuenta. Esa idea permanece, aunque hoy tiene para él un significado distinto: hacer las cosas con el corazón también implica agradecer lo que está viviendo.
Profesionalmente, Emilio siente que se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera. Ha trabajado intensamente, ha cometido errores y ha aprendido sobre la marcha, pero conserva una idea que funciona como brújula: seguir construyendo. “Hoy siento que estoy exactamente en ese lugar: creciendo, aprendiendo y construyendo algo en lo que realmente creo”, explica. La actuación le permite recoger parte de lo sembrado durante estos años, mientras que la música lo coloca nuevamente frente a un territorio mucho más vulnerable. Su próximo álbum, que llegará el siguiente año, representa para él prácticamente un comienzo desde cero.
Esa sensación tiene que ver con la intimidad del proyecto. Emilio ha convertido la composición en una forma de procesar lo que le ocurre y de ponerle palabras a emociones que, de otra manera, podrían quedarse sin nombre. “Escribir se ha convertido en una especie de terapia para mí”, reconoce. El disco nació después de años de trabajo personal, crecimiento y terapia, y encuentra en la nostalgia el hilo conductor de 12 canciones. Pero no es una nostalgia entendida desde la tristeza. Para Emilio, recordar también significa recuperar una emoción.



La música en mi vida
“Mi nostalgia viene, sobre todo, de reconocer lo bonito que es sentir”, dice. En medio de la rutina, explica, es fácil olvidar gestos tan sencillos como abrazar a alguien que se quiere, agradecer a un compañero de trabajo o detenerse un momento para reconocer lo que está ocurriendo. Esa mirada atraviesa el álbum y también su manera actual de relacionarse con la vida. La nostalgia, en su caso, no busca regresar al pasado, sino observarlo desde otro lugar.
“Vestido Amarillo”, canción que se estrenará en octubre, forma parte de ese universo. La pieza recupera una experiencia emocional que atravesó recientemente y que también dejó huella en el disco. Para Emilio, la distancia modifica la manera en que se observa un recuerdo. Cuando una experiencia todavía está cerca, la intensidad puede ser distinta; con el tiempo aparece otra perspectiva. Por eso considera que un mismo duelo podría convertirse en canciones completamente diferentes dependiendo del momento en que se escriban. Cada una representaría una etapa distinta del proceso.



Aprendiendo a cada paso
Esa forma de mirar hacia atrás también explica la relación que mantiene con sus propias caídas. Hace algunos años atravesó una etapa complicada que, desde afuera, no necesariamente podía percibirse con claridad. Hoy no intenta borrar aquel periodo ni convertirlo en una anécdota de superación. Lo reconoce como una parte necesaria de su recorrido. “Creo que muchas veces no le damos al fracaso el valor que merece”, señala. Para él, equivocarse, fallar o “regarla” puede ser doloroso, pero también constituye una de las formas más directas de aprender.
La idea se vuelve todavía más clara cuando habla del Emilio que tenía 20 años. Si pudiera sentarse cinco minutos con aquella versión de sí mismo, no intentaría darle una lista de consejos ni decirle cómo evitar los golpes que vendrían. Haría algo distinto: observarlo. “El Emilio de hoy no iría a darle ningún consejo. Más bien, se sentaría a aprender de él”, asegura. La respuesta revela una postura menos complaciente con la idea de que crecer significa tener todas las respuestas.
Para él, cada versión de sí mismo tiene algo que aportar. Incluso aquella que atravesaba una época de incertidumbre. “Siento que muchas veces creemos que, por haber superado una etapa, ya tenemos todas las respuestas para la versión de nosotros que la estaba atravesando. Pero yo no lo veo así. Ese Emilio también tenía cosas que enseñarme”, explica. Su conclusión es tan directa como personal: “La neta, confío más en el madrazo que en el consejo”.
La misma entrega aparece en su trabajo actoral. En El otro padre, Emilio interpreta a Bernardo, un personaje con una disciplina que lo llevó a reconocerse desde otro ángulo. El actor encontró en él una relación rigurosa con el oficio: alimentación, ejercicio, estudio del texto y compromiso con la interpretación. “En Bernardo encontré mucha disciplina y un profundo amor por la actuación y por el oficio”, cuenta. La experiencia terminó convirtiéndose, además, en una escuela. “De todo corazón, siento que esta serie fue una verdadera escuela para mí”.
La llegada del proyecto también coincidió con un momento personal que describe con mayor estabilidad y plenitud. Después de varios años trabajando para entender mejor sus emociones, Emilio asegura sentirse acompañado por un núcleo cercano y afectivo. “Hoy me siento con el corazón acariciado”, dice. Esa frase resume una etapa en la que el éxito profesional no aparece separado de su crecimiento personal, sino conectado con él.
En paralelo, Tierra de amor y coraje representa un reto distinto. Aunque desde afuera pueda percibirse como un regreso a Televisa después de otros proyectos, Emilio no lo experimenta exactamente de esa manera. Las grabaciones ocurrieron con poca distancia entre sí y el verdadero desafío estuvo en la exigencia de asumir un personaje protagónico dentro de una producción de ese ritmo. “Fue un reto que me llevó hasta mis límites, pero también me permitió descubrir de qué soy capaz”, afirma.



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