Barro negro, cera de abeja y textiles tejidos en telar. Piezas de artesanos y diseñadores mexicanos para armar un altar de Día de Muertos con alma y carácter.

Durante años, la ofrenda fue ese rincón de la casa que se armaba con lo que hubiera. Veladoras del súper, papel picado de plástico, flores compradas al vuelo y una mesa cubierta con la primera tela que apareciera en el clóset. Y funcionaba, porque lo importante nunca fue la estética, sino a quién estábamos esperando. Pero algo cambió. Hoy el altar de Día de Muertos se está convirtiendo en una pieza de diseño en sí misma, pensada con la misma intención con la que elegimos una lámpara o una vajilla.
No se trata de hacerla más cara ni más perfecta. Se trata de entender que cada objeto en la ofrenda tiene un significado, y que ese significado se vuelve más poderoso cuando la pieza fue hecha a mano por alguien que conoce la tradición desde adentro. Barro, cera, algodón y papel, los mismos materiales de siempre, pero elegidos con cuidado. Así armé la mía para este año, pieza por pieza.






La base que lo sostiene todo
Todo altar empieza con una superficie, y aquí vale la pena invertir. El Camino de Mesa Mamatl de Onora está tejido en telar de pedal en San Andrés Larráinzar, Chiapas, y toma su nombre de las telas rectangulares que se usaban para cargar. Sus franjas de colores intensos hacen el trabajo que antes hacía el mantel de plástico, pero con carácter. Mide tres metros, así que puedes dejarlo caer por los costados de la mesa o doblarlo en niveles si tu ofrenda es escalonada.
Luz que guía el camino
Las velas son las que alumbran el regreso de las almas, así que no pueden faltar ni pueden ser cualquiera. Mi elección fue el Candelabro Tres Luces de Onora, hecho en San José de Gracia, Michoacán. Combina el pastillaje prehispánico con el vidriado que llegó con los españoles en el siglo XVI, y viene en negro, azul, verde y mostaza. Con 45 centímetros de altura, se convierte en el centro visual del altar. Para encenderlo, prefiero las velas 100% cera de abeja de Cerería de Jesús, que arden más lento, casi no dejan humo y desprenden un aroma dulce que se siente como hogar.






Agua para el viajero
Se dice que las almas llegan con sed después del largo camino, y por eso siempre hay un vaso de agua en la ofrenda. Para los míos, elegí el Vaso Macario de 1050 Grados, una cooperativa de alfareras del sur de México. Está hecho con barro negro de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, y su acabado gris metálico se logra en la cocción. Lo mejor es que después del 2 de noviembre sigue funcionando en tu mesa de todos los días.
Flores que marcan la ruta
El cempasúchil es indispensable, porque su color y su aroma son la señal que guía a los difuntos. Cómpralo en el mercado o, mejor aún, directo en los invernaderos de Xochimilco, donde eliges cada maceta y tu dinero se queda con quien la cultivó. Luego dale un recipiente a la altura. El Florero Yucahua, también de 1050 Grados y hecho en Río Blanco Tonaltepec, tiene una forma baja y pesada que lo mantiene firme incluso con un ramo abundante. Colócale un plato debajo los primeros días, porque el barro libera algo de humedad hasta que sus poros se sellan.






El humo que purifica
El copal limpia el espacio y eleva las oraciones, y es de los elementos más antiguos del altar. El Copalero Sahumador de oaxacaXamor viene de Santa María Atzompa, Oaxaca, y cada pieza es distinta. Hay una versión lisa, una mini y otra con rostros en relieve que tiene algo místico. Enciende un carbón, pon unas piedritas de copal encima y deja que el humo recorra la ofrenda antes de que llegue la visita.
El toque de fiesta
El papel picado representa el viento y la unión entre la vida y la muerte, y no tiene por qué ser de plástico ni comprarse al mayoreo. Lindo y Querido trabaja papel picado artesanal hecho en Puebla, el estado donde este oficio se ha pasado de generación en generación, con piezas caladas a mano que se sienten como lo que son, trabajo de taller. Cuélgalo en lo alto del altar para enmarcar todo lo demás y elige una paleta que dialogue con el resto, morado y naranja si quieres algo clásico o un solo tono si buscas un altar más contemporáneo.
Al final, una ofrenda de diseño no es la que sale mejor en las fotos, es la que se construye con intención. Cada pieza que elegimos habla de quién la hizo y de a quién estamos esperando. Y quizás ese es el verdadero lujo, recibir a los nuestros rodeados de objetos que también cuentan una historia.





