Los hombres pasamos cada vez más tiempo escuchando conversaciones que participando en una. Y hay un algoritmo de por medio.

Estamos acostumbrados a hablar entre hombres en el trabajo, en el bar, en la cancha, en casa frente a la televisión o la consola de videojuegos, intercambiando ideas sin necesidad de profundizar demasiado. A partir de la pandemia estas largas conversaciones han sido sustituidas por ponerse los audífonos y escuchar a otros hablar sin profundizar demasiado mientras tú haces otra cosa. Eres parte de la charla pero ahora te toca escuchar. Y no estás solo, somos legión.
Desde el 2020 vivimos una especie de recesión de amistades. Por supuesto que la crisis sanitaria nos obligó a encerrarnos, pero después ha sido muy difícil recuperar las convivencias habituales, las visitas inesperadas y los rituales. Y justo este descenso coincide con el renacimiento e incluso el auge de los pódcasts para público masculino, en los que se abordan temas serios o no tanto, con la intención de reír. Y, sin albur de por medio, entre más largos mejor.
No por nada nuestras nuevas voces autorizadas vienen de podcasts largos como Creativo, del regiomontano Roberto Martínez, o Cracks del Oso Trava, hablando solo del caso de México. Y también no por nada la nueva ambición de los comediantes es replicar el éxito de Ricardo Pérez y Slobotzky en La Cotorrisa.
Spotify, YouTube y TikTok no saben “qué piensas”, pero sí detectan patrones bastante precisos sobre nuestro estado emocional. Qué escuchamos de noche, cuánto duran los videos que terminas, cuántas veces repites cierto tipo de contenido. Si pasaste de música rápida a conversaciones lentas. Si empezaste a consumir videos sobre descanso, ansiedad o relaciones personales. Y todos esos datos determinan tu feed.
Primero aparecen clips sobre cansancio. Después podcasts de bienestar. Luego conversaciones larguísimas sobre masculinidad, terapia, hábitos o gente tratando de entender por qué se siente vacía aunque aparentemente todo vaya bien. Hay algo especialmente masculino en esa forma de acompañarse. Muchos hombres no dicen directamente “me siento solo” y prefieren llenar el silencio con voces. Escuchan podcasts mientras lavan platos, streams mientras trabajan, entrevistas larguísimas mientras manejan. La conversación existe, solo que ocurre en una sola dirección.



Los investigadores llaman “relaciones parasociales” a los vínculos emocionales unilaterales que las personas desarrollan con figuras mediáticas. Sentimos cercanía, familiaridad o incluso confianza hacia alguien que no nos conoce. El concepto existe desde hace décadas, pero la nueva ola del pódcast lo volvió cotidiano.
No es casualidad que los podcasts largos funcionen tan bien en este momento cultural. En un entorno donde cada vez más cosas son rápidas, cortas y fragmentadas, escuchar una conversación de dos horas se siente extrañamente humano.
También hay algo emocionalmente seguro en los podcasts. No exigen vulnerabilidad inmediata. No te obligan a explicar cómo te sientes. Puedes escuchar conversaciones sobre depresión, masculinidad o crisis existenciales sin tener que admitir nada en voz alta.
Muchos hombres encuentran ese refugio porque no lograron reconectar con sus amistades o porque ya casi nadie habla durante horas porque sí. Todo tiene horario, utilidad o prisa. El podcast largo, en cambio, todavía se parece a platicar con amigos.






