Audi revive su hito aerodinámico más audaz de 1935 para reclamar su lugar entre las Flechas de Plata, El Auto Union Lucca




En febrero de 1935, sobre un tramo recto de carretera cerca de Lucca, Italia, aquel prototipo aerodinámico alcanzó una velocidad máxima de 326.975 km/h. La cifra todavía impresiona si se piensa en el contexto. Europa apenas comenzaba a entender el potencial de la aerodinámica aplicada al automovilismo, los túneles de viento eran territorio experimental y la idea de construir un vehículo cerrado para romper récords seguía pareciendo radical. Auto Union decidió intentarlo de cualquier forma.
Noventa años después, Audi Tradition recuperó esa historia con una recreación exacta del Auto Union Lucca. Tres años de trabajo artesanal, piezas fabricadas desde cero y una obsesión casi arqueológica por devolverle forma a una de las máquinas más extrañas y avanzadas de la década de 1930.
El resultado tiene algo hipnótico. La carrocería parece más cercana a un fuselaje aeronáutico que a un auto convencional. Frente al brutalismo mecánico de otros modelos de competición de la época, el Lucca se mueve en otra dirección. Todo en él fue pensado para cortar el aire. La parte trasera se afina como una gota suspendida, las salpicaderas envuelven las ruedas con precisión milimétrica y el habitáculo cerrado transforma al piloto en parte de la propia silueta.









La ingeniería detrás del proyecto explica esa forma. Los técnicos de Auto Union trabajaron junto al Instituto de Investigación Aeronáutica de Berlín-Adlershof, donde desarrollaron distintos modelos para pruebas en túnel de viento. Primero experimentaron con una configuración abierta; después cerraron completamente la cabina para reducir resistencia aerodinámica. Era una solución adelantada a su tiempo. Mientras gran parte de la competencia seguía concentrada únicamente en aumentar potencia, Auto Union entendió que la velocidad también dependía de cómo el aire fluía alrededor del vehículo.
Debajo de esa carrocería vivía un V16 de cinco litros y 343 caballos de fuerza. Hoy puede sonar modesto frente a las cifras contemporáneas, pero en 1935 era una brutalidad mecánica. El motor iba montado en posición central, otra decisión técnica que diferenciaba a Auto Union frente a muchos rivales de la época. El equilibrio del peso, la tracción y la estabilidad a altas velocidades empezaban a convertirse en una conversación seria dentro del automovilismo.









Hans Stuck, piloto especialista en subidas de montaña y uno de los nombres más importantes del programa de competición de Auto Union, fue quien llevó el Lucca al récord. Las pruebas ocurrieron sobre la autopista Florencia-Viareggio, en un tramo prácticamente recto de cinco kilómetros entre Pescia y Altopascio. Cronómetros fotoeléctricos, ajustes constantes, cambios aerodinámicos realizados entre intento e intento. La escena tenía algo de laboratorio improvisado a máxima velocidad.
El récord terminó convirtiendo al vehículo en “el auto de competición de carretera más rápido del mundo”, frase que Auto Union utilizó poco después en el Salón Internacional del Automóvil de Berlín. Pero más allá del impacto mediático, el Lucca funcionó como un experimento en movimiento. Muchas de las soluciones desarrolladas para aquel auto alimentarían después la evolución de las Flechas de Plata.
La recreación actual conserva esa tensión entre belleza y brutalidad técnica. Audi encargó el proyecto a Crosthwaite & Gardiner, especialistas británicos en restauración histórica. Cada componente fue construido a mano utilizando fotografías de archivo y documentación original. Incluso el complejo trabajo de aluminio de la carrocería tuvo que reproducirse panel por panel.









Hay un dato que resume perfectamente el nivel de precisión detrás del proyecto. Cuando el auto terminado volvió al túnel de viento este año, registró un coeficiente aerodinámico de 0.43. Una cifra sorprendentemente eficiente incluso bajo parámetros modernos.
Eso es lo que vuelve fascinante al Lucca. No se siente como una reliquia congelada en el tiempo. Se percibe como una idea que apareció demasiado pronto.
A mediados de los treinta, mientras Europa todavía asociaba velocidad con potencia bruta, Auto Union ya hablaba de flujo de aire, distribución de peso y eficiencia aerodinámica. El Lucca fue la prueba física de esa mentalidad. Una máquina creada para ir más rápido que todo lo demás, pero también para demostrar que la ingeniería podía cambiar las reglas completas del juego.
Este verano, el Auto Union Lucca volverá a moverse frente al público durante el Festival de la Velocidad de Goodwood. Noventa años después, la silueta sigue pareciendo salida del futuro.





