Daniela Fainus: La vida en movimiento

Entre el mundo fitness, las redes sociales y el trabajo en Animal Move, Daniela Fainus comparte cómo la constancia, la honestidad y el entrenamiento se convirtieron en el eje de su estilo de vida.

Fotografía: Alex Córdova
Stylist: Santiago Araico
Maquillaje y peinado: Geraldine Hercos
Coordinador editorial: Aarón Zavaleta
Diseño editorial y producción: Juan Pablo García

Disciplina compartida

La relación de Daniela Fainus con el fitness comenzó frente a las cámaras, pero con el tiempo encontró su centro en un espacio mucho más tangible: el gimnasio. Hoy su vida gira alrededor de su éxito en redes sociales y de su tiempo en Animal Move, el estudio fundado por su esposo, el entrenador Omar Zamitiz, donde el entrenamiento dejó de ser solo una actividad para convertirse en una forma de vida.

Cuando Daniela llegó al proyecto, el gimnasio ya estaba en marcha. Su participación fue distinta: aportar una mirada nueva dentro de un espacio que ya tenía identidad propia. “El gimnasio ya existía, yo llegué cuando ya estaba funcionando. Él empezó a entrenarme, se convirtió en mi coach y con el tiempo también en mi pareja”, cuenta. Mientras Omar se enfoca en la preparación física y el trabajo con atletas de alto rendimiento, Daniela encontró su lugar dentro del proyecto. “Yo llegué a ponerle ese toque femenino a Animal Move, pero él siempre ha sido un gran líder”.

Más que diseñar rutinas, lo que realmente la mueve es la conexión con las personas que siguen su trabajo. La motivación aparece en mensajes, en historias compartidas y en pequeños cambios que se vuelven visibles con el tiempo. “Me apasiona motivar a la gente. Cuando alguien me escribe y me dice que se levantó para ir al gimnasio después de ver un video mío, eso ya vale muchísimo”, explica. Algo similar ocurre dentro de la aplicación que comparte con Omar, donde los usuarios documentan sus avances. “Vemos sus resultados y los vemos motivados. No solo cambian físicamente: sonríen más, se sienten mejor. Eso a mí me llena el corazón”.

Esa relación con su audiencia —que suma millones de seguidores— se sostiene sobre un principio sencillo: la honestidad. “Siempre he sido súper honesta, orgánica y transparente con mis seguidores. Les cuento todo: lo que hago, lo que uso, lo que me funciona y lo que no”. Con el paso de los años, esa transparencia se transformó en confianza. “Hay muchas chicas que confían en mí”.

Aunque desde fuera pueda parecer que quienes viven del fitness se levantan todos los días con entusiasmo inagotable, Daniela insiste en que la realidad es distinta. Para ella, la clave no está en la motivación constante, sino en el compromiso. “La gente piensa que siempre tenemos ganas de entrenar, pero no es así. Hay días en que no quieres hacerlo. La diferencia es que tienes el compromiso de hacerlo de todos modos”. La recompensa llega al final del entrenamiento.

“Nunca me he arrepentido de ir al gimnasio. Siempre termino con una satisfacción enorme conmigo misma”.

Propósito en movimiento

Ese mismo enfoque se extiende a su estilo de vida. En lugar de reglas estrictas o dietas rígidas, Daniela apuesta por el equilibrio. “No tenemos reglas sagradas. Simplemente estamos acostumbrados a comer saludable la mayor parte del tiempo”. Para ella, la alimentación influye mucho más allá de la apariencia. “La comida se refleja en tu energía, en tu mente, en tu bienestar”.

Cuando alguien se inicia en el ejercicio y se frustra rápido, su recomendación es empezar por el entorno. “Lo primero es encontrar un lugar donde realmente te guste entrenar”. La atmósfera puede marcar la diferencia. “Cuando llegué a Animal Move me gustó todo: la música, la comunidad, la vibra de la gente. Eso hacía que quisiera regresar todos los días”. El resto depende de algo menos inmediato: paciencia y constancia.

Con los años, también ha cambiado la forma en que observa su propio cuerpo. Más que una relación conflictiva, describe un proceso de conocimiento. “Siempre me he hablado bonito y he tenido una relación positiva con mi cuerpo”. Ese vínculo se ha vuelto más consciente con el tiempo. “Aprendí a conocerlo cada vez más, a entender qué necesita y cómo funciona”.

Detrás de todo está una idea que para Daniela pesa más que la estética o la popularidad en redes: la funcionalidad. “Mi motivación nunca ha sido tener más seguidores”. Su objetivo es otro, más simple y a la vez más profundo. “Quiero llegar a una edad mayor y poder abrocharme las agujetas sola, salir a caminar, viajar, moverme sin depender de nadie”. Para ella, ese es el verdadero resultado del entrenamiento: “Tener una vida impecable el mayor tiempo posible”.

En ese camino, Omar Zamitiz ha sido una figura clave. Daniela lo describe como un entrenador exigente y creativo dentro del gimnasio, pero también como alguien que escucha y acompaña. “La gente se le acerca todos los días a pedirle consejo. Es un gran coach, pero también un coach de vida”.

Esa dinámica también ha influido en su propia disciplina. “Él encontró la manera de que el ejercicio me apasionara”. Más que imponer una rutina, transformó la manera en que Daniela mira el entrenamiento. “Logró que yo lo viera como amor por mí misma”.

Y ahí, entre disciplina, comunidad y movimiento, se sostiene el proyecto que ambos comparten: una forma de vida en la que el gimnasio deja de ser un lugar para entrenar y se convierte en un punto de encuentro para construir hábitos que, con el tiempo, cambian mucho más que el cuerpo.

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