Karena Flores habla de la familia que dejó en Cancún, de los castings que la acercaron a una profesión que todavía le parece un sueño y de una historia de amor construida entre aeropuertos, rodajes y kilómetros de distancia.
Fotógrafo: Alex Cordova
Stylist: Ray Aguilera
Beauty: Pedro Aguirre & Monse Reséndiz
RP: Yanko Bridiesca para EmiRec
Director de arte: Juan Pablo Garcia
Entrevista: Aarón Zavaleta

Esencia y despedidas
Hay una imagen que se repite en la vida de Karena Flores: la de un aeropuerto. Aparece cada vez que vuelve a Cancún para visitar a su familia y cada vez que debe regresar a la Ciudad de México para trabajar. Los años no han logrado volver más sencilla esa rutina. “Uno piensa que después de cierto tiempo ya va a ser fácil, pero no. Las despedidas en el aeropuerto nunca se hacen más fáciles por más que se repitan y se repitan. Siempre se te hace un nudo en la garganta”, dice.
Mudarse significó alejarse de su madre, su abuela y su tía, pero también aprender a vivir sola y descubrir quién era fuera de casa. Esa experiencia terminó reforzando una convicción que sigue guiándola: la familia ocupa el centro de todo.
La actuación, en cambio, llegó como una certeza temprana. Desde niña sabía lo que quería hacer, aunque durante mucho tiempo no entendía cómo ese deseo podía convertirse en una profesión. El proceso ocurrió poco a poco, entre talleres, castings y oportunidades que fueron acumulándose hasta formar una carrera. Aun hoy conserva cierta incredulidad. “Siempre me sigue cayendo el veinte. Es muy bonito porque me sigo emocionando de darme cuenta de que me dedico a esto y siempre me sigue pareciendo un sueño hecho realidad”.
Cuando habla de sí misma, aparece una palabra que repite varias veces: esencia. Creció en un entorno donde se le enseñó a confiar en sus capacidades y esa seguridad le ha servido para navegar una industria donde las comparaciones son inevitables. “Dentro de lo posible me he mantenido muy fiel a mí misma. No me permito compararme o dejar que algo me haga dejar de creer en mí”.
La presión de las redes sociales vuelve ese ejercicio más complejo. Ver a otros alcanzar proyectos deseados puede despertar admiración y frustración al mismo tiempo. Karena reconoce esa realidad, pero intenta no quedarse atrapada en ella. “Si ves que alguien está haciendo la película de tus sueños, claro que puedes pensar qué padre por esa persona y al mismo tiempo desear estar ahí. Pero trato de ser consciente de no caer en la comparación. No veo que le vaya bien a alguien más como que me vaya mal a mí”.






El valor de la empatía
Algo parecido descubrió al interpretar a Mora en Isla Brava. El personaje le recordó que detrás de cada decisión existe una historia que rara vez conocemos por completo. “Cuando entiendes que cada persona tiene un trasfondo tan profundo, aprendes a observar, escuchar y comprender antes de juzgar”.
La amabilidad ocupa un lugar central en esa forma de ver el mundo. Flores habla de ella como una responsabilidad cotidiana, especialmente en un medio donde tantas personas trabajan bajo presión constante. “A veces una mirada o un comentario pueden hacer que alguien dude de sí mismo o de su trabajo. Yo valoro muchísimo cuando la gente es amorosa conmigo y eso me inspira a querer ser así cada vez más”.
Esa filosofía también le ha servido para enfrentar los inevitables rechazos de la profesión. Castings que no prosperan, personajes que terminan en otras manos o proyectos que se caen por cuestiones ajenas a ella. “He aprendido a no comprometer mi integridad ni la manera en que me aprecio por los ‘no’ de esta carrera. Hay decepciones que duelen mucho, pero trato de que eso no defina quién soy”.
Cuando se le pregunta qué valora más que el éxito, la respuesta llega sin rodeos. “Lo más valioso es la gente. El éxito es éxito cuando es compartido”. Habla de su familia, de sus amigos y de las personas que la acompañan fuera de los reflectores. Entre ellas está Michael Ronda, su pareja desde hace más de cinco años y hoy su prometido.



Un lugar seguro
Ella recuerda el inicio de la relación con una mezcla de ternura y asombro. “Sí fue como de película. Siento que los dos nos vimos, pero no me refiero a que vimos a una persona entre mucha gente. Nos vimos como seres, como almas. Había algo ahí que los dos sentíamos y fue muy mágico”.
La relación ha sobrevivido a rodajes, viajes y largas temporadas de distancia. Entre proyectos filmados en distintos países, ambos aprendieron a comunicarse y confiar. “Nos conocemos muy bien y sabemos cómo estar presentes aunque no estemos físicamente juntos”.
Cuando define lo que Michael representa en su vida, la respuesta es inmediata. “Es mi lugar seguro. Es la primera persona a la que quiero contarle una buena noticia y también una mala. Es mi mejor amigo”.
Ahora que planean una boda, el futuro aparece menos como una celebración y más como un proyecto compartido. “Queremos ser un equipo. Disfrutar la vida, nuestra familia, nuestros amigos y a la gente que amamos”.
Mientras ese futuro toma forma, Karena Flores sigue entrando a camerinos donde todavía se sorprende de estar viviendo aquello que imaginó desde niña. Y sigue descubriendo que algunas cosas, como las despedidas en el aeropuerto o la emoción de cumplir un sueño, nunca terminan de convertirse en rutina.



No te pierdas las sesión de fotos completa en nuestra edición impresa y digital.





