Ubicado en un enclave privilegiado, Andaz Mayakoba Resort Riviera Maya exalta lo que significa escaparse de viaje: naturaleza, diseño contemporáneo y experiencias que celebran lo local.




Refugio en la selva
Entre la selva de Quintana Roo, lagunas, playa de arena blanca y el Caribe siempre visible, Andaz Mayakoba Resort Riviera Maya (parte del complejo Mayakoba) despliega un lujo relajado que no hace alarde de sí mismo. Con 214 habitaciones, incluidas 41 suites (cada una diseñada con terrazas o balcones que miran al mar o a la laguna), el hotel equilibra la sofisticación con el entorno natural.
La arquitectura homenajea a la herencia maya: pasillos abiertos al paisaje, materiales locales, techos que filtran la luz y un lobby que invita al silencio del manglar. En el momento del arribo, los visitantes reciben una piedra para lanzar en un estanque que imita un cenote: un gesto simbólico que conecta con lo sagrado de la naturaleza. Los interiores reflejan un tono sobrio con grises piedra, blancos arena y acentos turquesa, mientras que las suites incluyen detalles como bañeras de lluvia, minibares de cortesía y, en muchos casos, piscinas privadas.
La franja costera del resort es un tramo de arena casi virgen, donde el Caribe se muestra limpio y accesible. Según reseñas, la limpieza diaria y el mantenimiento constante hacen que la experiencia sea de reposo absoluto: “la mejor playa” del complejo Mayakoba, dicen algunos huéspedes. Aquí no se trata de grandes espectáculos: la luz del atardecer, un camastro y el susurro del mar bastan para reconectarse.












Experiencias con raíz
Desde familias hasta parejas que buscan retiro íntimo, el resort ofrece una agenda amplia: clases de yoga al amanecer, paseos en bicicleta por la laguna, kayaks, buceo, senderismo entre manglares, o simplemente disfrutar del spa de casi 10,000 m² con rituales inspirados en la medicina maya. Para los golfistas, el campo de 18 hoyos diseñado por Greg Norman se ubica a solo pasos del hotel.
Dentro de un entorno de manglares y fauna silvestre, el hotel cuida cada detalle para que la naturaleza sea parte activa del viaje: bicicletas gratuitas, paseos ecobotánicos, así como diseño paisajístico que respeta el agua y el suelo.
Poe su parte, los restaurantes del resort integran ingredientes locales, sabores regionales y presentaciones contemporáneas. A destacar: un establecimiento que recrea la intimidad de una casa de estilo latinoamericano para cena exclusiva, o un restaurante frente al mar que celebra mariscos frescos al ritmo de la brisa.












El arte del retorno
Si bien el resort está diseñado para ser refugio, también alberga un espíritu inquieto: cada detalle, desde la piedra inicial lanzada en el estanque hasta el paseo en kayak al atardecer, suma para convertir la estancia en algo memorable.















