¿Empoderamiento o marketing?

La menopausia ganó visibilidad y mercado al mismo tiempo, y en ese cruce el discurso de empoderamiento empezó a vender soluciones simples para un proceso biológico complejo.

Mercado de la pausa

En la última década, distintas etapas de la vida femenina —antes relegadas al silencio— han ganado una visibilidad inédita. Pero junto con esa apertura apareció un fenómeno incómodo: el menowashing, una estrategia de marketing que capitaliza la conversación sobre menopausia con promesas vistosas y poco sustento médico.

El mercado se volvió terreno fértil para la industria de la belleza y los suplementos. Cremas “antiedad” rebautizadas, vitaminas premium y tratamientos milagro se presentan como soluciones integrales para una transición que, en realidad, es biológica, diversa y compleja. El problema no es la existencia de productos, sino el uso del lenguaje de la liberación para simplificar procesos fisiológicos y convertirlos en oportunidad de consumo.

La conversación de fondo debería girar menos en torno a qué comprar y más a cómo entender lo que ocurre en el cuerpo. El riesgo del menowashing está en banalizar síntomas reales y, al mismo tiempo, fabricar nuevas inseguridades bajo un discurso de aceptación. La transparencia en ingredientes, el respaldo científico comprobable y la representación honesta de esta etapa tendrían que ser estándares mínimos, no excepciones.

La Dra. Jen Gunter ha sido una de las voces más firmes al respecto: “Estamos viendo una explosión de productos que utilizan el lenguaje de la ‘pausa’ para validar inseguridades. El problema no es que existan productos, sino que muchos se comercializan con promesas que la biología no puede cumplir. La menopausia necesita apoyo clínico, no solo un cambio de imagen en el empaque”.

Autonomía informada

Para Gunter, el empoderamiento real comienza con alfabetización corporal. Antes de invertir en un suplemento o tratamiento especializado, recomienda revisar tres pilares: evidencia clínica sólida, aprobación de organismos reguladores y consulta personalizada con profesionales de la salud que comprendan que cada transición es única.

Más allá de la oferta comercial, el eje debería estar en el diálogo informado con el médico. Documentar síntomas —frecuencia, intensidad, duración— ayuda a diferenciar procesos naturales de condiciones tratables. Exigir respaldo científico frente a cualquier intervención evita caer en tendencias sin sustento. Y priorizar salud ósea, cardiovascular y bienestar integral a largo plazo desplaza el foco de las soluciones cosméticas superficiales.

La visibilidad de la menopausia es, sin duda, una conquista cultural. Pero el fin del tabú no puede convertirse en una nueva forma de explotación estética. La verdadera autonomía no se compra en un frasco: se construye con información rigurosa, criterio crítico y acceso a atención médica fundamentada.

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