Alejandra Barros: la incomodidad de desear

En Mi rival, la actriz Alejandra Barros se adentra en una mujer que rompe el molde de la maternidad. No pide permiso. Tampoco perdón. Nos encontramos con ella para platicar y hacer las fotos de portada de esta edición del mes de la madre.

Fotografía: Eddy Espinoza
Stylist: Santiago Araico
Maquillaje: Rosa María García de Misstika Porstyling
Peinado: Erick Moreno
Asistente de cabello: Sonia Terrazas
RP: Jerry ML
Locación: Studio Selinus
Coordinación editorial: Aarón Zavaleta
Diseño editorial y producción: Juan Pablo Garcia

Alejandra interpreta a Paloma, un personaje que es madre, sí, pero también cuerpo, impulso, error. Una figura que incomoda porque no se acomoda. La primera reacción no fue rechazo. Tampoco fascinación inmediata. “Lo primero que me provocó fue curiosidad y luego reto… rechazo nunca”, dice Alejandra Barros. La premisa de madre e hija en tensión por el amor de un hombre le parecía improbable. Después no. Después entendió que lo improbable se repite más de lo que se admite en voz alta.

Construir a Paloma implicaba esquivar el juicio. No de forma ingenua, sino trabajada, conversada, casi negociada entre lecturas, directores y una intuición que va encontrando su propio hilo. “Lo que encontré fue pensar en ella como una mujer, no como una mamá”. El desplazamiento es sutil, pero cambia todo: la historia deja de ser un escándalo y se vuelve experiencia. Antecedentes, decisiones, un matrimonio que no fue elección, y de pronto —tarde, dicen algunos— la aparición de algo que sí mueve por dentro.

Ahí se instala la clave emocional. No en justificar, en comprender el desfase. “La clave emocional de Paloma es verla como mujer, no como madre y entender que lo que no vivió en su juventud… es lo que la hace que quiera vivir esa experiencia después, ya teniendo una hija, siendo madre, estando casada”. El deseo como algo que llega tarde, o que se reconoce tarde. No desaparece, se guarda.

Pero lo que se guarda también empuja. Y cuando sale, no siempre tiene forma digna. “La parte que más me costó habitar en Paloma, fue estarle rogando a un hombre, creándote unas fantasías en la cabeza, que son eso, fantasías. Yo soy mucho más práctica y objetiva. Entonces el estar persiguiendo un hombre… Paloma en eso es súper insistente, entonces pues sí, me costó mucho trabajo y tratar de hacerlo lo más real posible”. Hay algo incómodo en esa insistencia. Algo que cualquiera reconoce, aunque no lo diga en voz alta.

El fondo es más amplio que la anécdota. Tiene que ver con el deseo y con la forma en que se administra socialmente. “Yo creo que las mujeres no dejan de tener deseo al igual que los hombres… el desear a alguien más, yo creo que es intrínseco del ser humano, hombre y mujeres, no nada más las mujeres. Y de repente, sobre todo en la vida familiar latina, como que la mujer cuando es madre, se le deberían de acabar todas las necesidades y gustos y demás, y creo que no debería ser”. La frase abre una conversación que la pantalla ha bordeado durante años, a veces con timidez, a veces de frente.

La polémica aparece, inevitable. Pero no es un fin. “La polémica del planteamiento es inevitable y claro que me interesaba… falta explorar esos temas, pues claro que va a crear curiosidad entre el público, pero que sea de la manera más real del personaje. Cuentas una historia que se parezca lo más a la realidad… entonces es una combinación de las dos”. Interesa el ruido que abre la puerta, no el que se queda a vivir ahí.

Paloma se mueve entre urgencia y carencia. No como categorías separadas, más bien como un circuito. “Me acerco a ella desde las dos, la urgencia y la carencia. Tiene urgencia porque tiene carencia… sentir que ya le queda poco tiempo, que es su última oportunidad de conseguir un amor… y la carencia es porque si ella hubiera tenido un buen amor, no tendría la necesidad de estar buscando esa experiencia”. La última oportunidad no es un dato objetivo, es una sensación. Y las sensaciones mandan.

La incomodidad que genera la historia tiene un origen claro. “Sí, yo creo que incomoda mucho el tema de poner una mamá en búsqueda del amor y compitiendo con la hija… rompe con las expectativas arraigadas de la madre latina abnegada, ella no tiene deseos de nada, más que de cuidar a sus hijos y a sus nietos”. La imagen es conocida. También el gesto de quien la mira y se incomoda. “Lo que te choca checa”, añade, casi como una clave lateral.

Lo que le interesa abrir no es una polémica efímera, sino una conversación más amplia. “Me encantaría que la gente fuera consciente que no nada más las mujeres somos esposas y madres, sino que también somos mujeres, con aspiraciones, deseos, profesionistas, como cualquier hombre… que a una mujer se le antoje volver a tener un amor… les parece como inconcebible y creo que estaría bueno plantearlo”. La palabra “permitir” aparece entre líneas. Permitirse, permitirles.

En la industria percibe un movimiento. No una revolución, pero sí un desplazamiento sostenido. “Yo sí creo que ha cambiado… ahora le han dado más importancia a los papeles de mujeres mayores… el público no nada más quiere ver a jovencitos viviendo el amor… también quieren ver gente de su edad”. La pantalla empieza a parecerse más a quien la mira.

Su interés como actriz no pasa por provocar de forma gratuita. Tampoco por acompañar sin fricción. “Contar historias que ayuden a generar conversaciones o a generar empatía o a simplemente distracción y divertirte… provocar así sin sentido y nada más escandalizar no es mi estilo”. La comedia aparece como una posibilidad cercana, una manera de abrir sin imponer.

El miedo sigue ahí. No desaparece con la experiencia. “Me sigue dando miedo como actriz el no estar a la altura y no crear verdad… siempre hay ese miedito, esa inseguridad de ¿lo estaré haciendo bien?, ¿lo puedo hacer mejor?”. La duda no paraliza, afina.

Y luego lo que se suelta. Lo que ya no sirve. “Hay que desaprender a veces las inseguridades… hay que desaprender también al ego, el ego nos mata… tratar de desaprender los mecanismos de defensa que creamos por miedo y vanidad”. El trabajo no es solo hacia afuera. También es limpieza interna.

Sobre la televisión, la mirada es doble. “Se ha ganado un medio de comunicación espectacular que llega gratis a todos lados… pero también se ha perdido un poco la privacidad, la ética a la hora de generar contenidos”. Más alcance, más responsabilidad. La ecuación no es nueva, pero ahora es más visible.

Lo que viene no es una pausa. “Empiezo otro proyecto a finales de este año y me gustaría hacer algo de teatro… y me gustaría también hacer series y comedia. Me muero de ganas de hacer comedia”. El deseo, otra vez. Moviendo.

Paloma se queda flotando. No como ejemplo, tampoco como advertencia. Más bien como pregunta abierta. Qué pasa cuando una mujer decide no reducirse a un solo papel. Qué se rompe. Qué se revela.

No te pierdas las sesión de fotos completa en nuestra edición impresa y digital.

Somos una revista mexicana de estilo de vida para mujeres y hombres. Únete y conoce lo último en lujo, moda, cultura, entretenimiento, salud, viajes y más.

La guía perfecta para ella y él.

Log In

SÍGUENOS EN