Tika’aya es un refugio íntimo, reconocido por la Guía Michelin, donde la prisa se detiene, el maíz es poesía y la verdadera magia sucede a través de su exclusivo menú de degustación.




Cuando escapamos del caos de la CDMX hacia Oaxaca —donde cada rincón promete una experiencia culinaria—, Tika’aya se mantiene fiel a lo que verdaderamente importa: la esencia y el origen. Su nombre proviene del ‘teosinte’, el ancestro salvaje del maíz moderno, y entrar a este espacio de raíces indígenas y mixtecas es como llegar a la casa de un buen amigo que ha preparado una ocasión especial solo para ti.
Comer aquí no es un trámite, es un ritual para pausar el mundo. Hay algo en la luz y la atmósfera del lugar que te invita a relajarte sin prisas. La única manera de adentrarse en su propuesta es a través de su espectacular menú de degustación de 7 tiempos, un recorrido sorpresa que cambia constantemente para mostrar los sabores más complejos y hermosos de todo Oaxaca.






Es aquí donde brilla la hospitalidad y el talento del chef Toño García y su equipo. La experiencia se vuelve un espectáculo íntimo cuando el chef se acerca a tu mesa para presentarte personalmente la historia detrás de cada ingrediente y plato que llega frente a ti.
Entre las delicias que roban suspiros destaca su flor de calabaza rellena de huitlacoche en tempura de cúrcuma, o su aclamado taco en tortilla de maíz tricolor, que abraza una lengua de res sumamente tierna bañada en mole chichilo, complementada por la dulzura de la piña asada y cebolla morada encurtida. Disfrutar de estos contrastes con calma es un placer honesto que te dejará completamente satisfecho al llegar al séptimo tiempo.









Y la magia también ocurre cuando la mesa se llena de bebidas que invitan a descubrir nuevos horizontes. Tika’aya entiende que el maridaje va mucho más allá de una buena carta de vinos. Para abrir boca o acompañar tu menú, elaboran su propia kombucha y una variedad de bebidas fermentadas artesanales hechas con frutas e ingredientes únicos que llegan a la mesa con perfiles sorprendentes.
Lo que hace de este restaurante un imperdible es el cuidado en los detalles y que nadie tiene prisa por irse. La sobremesa se estira naturalmente, sirviendo de pretexto para no cerrar la conversación. Al final, Tika’aya no busca inventar el hilo negro, sino honrar a la milpa, sus ancestros y a quienes se sientan alrededor de la mesa.












