San Ángel tiene un taller para guardar la sazón de casa

Prueba pasar a limpio una receta que te mandó tu mamá por WhatsApp. Todo va bien hasta que llegas a la cantidad de caldo. En el audio dice “lo que te pida”. Regresas unos segundos, convencida de que se te escapó una medida. Entonces escuchas lo que dice después: la masa está lista cuando se despega de los dedos. Ya tienes cómo saber si le falta caldo. Este noviembre, la Feria del Libro Comestible llega a San Ángel con una invitación que bien podría empezar ahí, con las manos en la masa y el teléfono en altavoz: recuperar lo que cada familia sabe cocinar.

Del 6 al 8 de noviembre de 2026, la feria reunirá en la Ciudad de México a quienes escriben, editan y fotografían la comida. Entre las actividades de su programa hay una conversación sobre los rastros que dejamos de lo que comemos y un taller para aprender a documentar recetas familiares. Para ir pensando en la tuya, basta con acordarte del plato por el que todavía llamas a casa.

Lo que cabe en un “échale otro poquito”

Quien lleva años preparando el mismo arroz sabe cuánto cabe en la taza de siempre. El problema llega cuando intentas hacerlo en otra cocina y descubres que en tu alacena hay cuatro tazas y ninguna se parece a la de tu mamá. Vale la pena medir cuántos mililitros caben en la suya y anotarlos. También vale la pena escribir “la taza azul”. Una indicación te servirá para cocinar el martes que viene; la otra explica por qué, durante treinta años, a nadie en esa casa se le ocurrió preguntar cuánta agua llevaba el arroz.

Hay detalles que se descubren mejor cocinando juntas. Si la indicación es “deja que se dore la cebolla”, fíjate en qué momento baja ella el fuego. ¿Cuando las orillas apenas toman color o cuando toda la cebolla está dorada? Esa es la foto que conviene guardar. La del plato servido podrá verse más bonita, pero cuando estés frente a tu propio sartén vas a querer ver la otra.

Cómo guardar una receta que alguien cocina a ojo

Elige una sola preparación y hazla siguiendo el audio tal como te llegó. Antes de pedir que te expliquen todo de nuevo, apunta el paso en el que te atoraste. “¿La taza de harina va al ras o copeteada?” es más fácil de contestar que “¿cómo haces la masa?”. Y si quien cocina tampoco sabe decirte cuánto tiempo tarda, cambia la pregunta: “¿en qué te fijas para saber que ya está?”.

Al pasarla a limpio, distingue entre lo que te enseñaron y lo que ajustaste tú. Si con tu olla hicieron falta cinco minutos más, anótalo al margen. Así, la próxima persona sabrá de dónde salió ese tiempo. Haz lo mismo con los cambios de ingredientes. Tal vez tu tía use otro chile porque era el que encontraba donde vivía. Ese detalle explica cómo llegó a tu mesa una versión del guiso que en casa de tus primos sabe un poco distinto.

Guarda la receta escrita, la foto de ese paso difícil y el audio original en una misma carpeta. Ponle el nombre con el que pedirías el plato al sentarte a la mesa y añade quién te lo enseñó. La prueba viene después: pásasela a alguien de la familia que nunca lo haya preparado. La primera pregunta que te mande de vuelta te dirá qué se quedó en el tintero. Y si a media grabación tu mamá se desvía para contarte quién le regaló la olla, deja correr el audio.

Dos citas en la Feria del Libro Comestible

El viernes 6 de noviembre a las 16:00 h, el conversatorio ¿Cómo recordaremos lo que comemos hoy? llevará esa pregunta a una escala mayor. Participarán Lupita Mirón, creadora de The Loops Review y Loops Books; Abril Macías, fundadora de Revista Chiú, y la fotógrafa Ana Lorenzana. La periodista gastronómica Evelyn Castro moderará la charla. El punto de partida da para revisar la galería del teléfono: si dentro de cincuenta años alguien quisiera saber cómo comíamos, ¿qué encontraría? Quizá diez fotos de un pastel de cumpleaños y ninguna del desayuno que hicimos casi todos los días de ese año.

El sábado 7 de noviembre a las 11:00 h, David Calderón, editor de Pocket Abuelitas, impartirá el taller La cocina de mi familia. La sesión está dedicada a cómo entrevistar a quien cocina de memoria y cómo reunir sus indicaciones, fotos y relatos en un archivo familiar. La sede del taller es Le Petit Lola, calle Amargura 14, San Ángel. La cuota es de 500 pesos, el cupo es limitado y se requiere registro previo. Puedes consultar los detalles e inscribirte en el programa oficial de la feria.

Si vas al taller con una receta en mente, busca el mensaje antes de salir de casa. Y si no alcanzas a ir, quizá ya tengas plan para el fin de semana: comprar los ingredientes, poner el teléfono en altavoz y averiguar, por fin, cuánto es “lo que te pida”.

También en WM: Sabores ancestrales y vivos: la memoria de la cocina chiapaneca a través del maíz, el chipilín y el pozol.

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