Hombre y mujer conversan frente a frente en un sofá, él con una laptop sobre las piernas y ella con las manos juntas en gesto de diálogo, en un ambiente interior con luz natural.

Mankeeping: cuando sostener la relación recae en una sola persona

Durante años se habló del mansplaining, del ghosting o del gaslighting. Hoy, otro concepto comienza a circular en conversaciones digitales y análisis sociológicos: mankeeping. El término no busca viralidad vacía, sino nombrar una dinámica emocional que muchas mujeres reconocen con claridad.

El mankeeping describe la tendencia —todavía frecuente— de que sean ellas quienes gestionan el mundo emocional, social y afectivo dentro de una relación heterosexual. No se trata solo de amor o cuidado: se trata de trabajo relacional no remunerado e invisibilizado.

¿Qué es exactamente el mankeeping?

El concepto parte de una idea sencilla: en muchas relaciones hombre-mujer, la mujer asume de manera casi automática la responsabilidad de:

  • Mantener el contacto con amigos y familiares
  • Organizar reuniones y celebraciones
  • Resolver tensiones emocionales
  • Recordar fechas importantes
  • Sostener conversaciones difíciles
  • Administrar la salud emocional de la pareja

Es decir, ella “mantiene” la red emocional que sostiene al vínculo. Él participa, pero rara vez la coordina.

El mankeeping no siempre es evidente porque no se percibe como una imposición directa. Muchas veces se interioriza como una habilidad “natural” femenina. Sin embargo, desde la teoría de género, se entiende como parte de la división desigual del trabajo emocional.

La carga mental, versión relacional

Este fenómeno dialoga con otro concepto ampliamente estudiado: la carga mental. Si esta última se refiere a la planificación invisible del hogar y la logística cotidiana, el mankeeping se enfoca en la dimensión social y afectiva.

No es solo quién cocina o limpia. Es quién llama a la suegra, quién organiza la cena con amigos, quién nota que algo anda mal y decide hablarlo. Es quién sostiene el equilibrio relacional.

Con el tiempo, esta gestión constante puede generar agotamiento emocional, resentimiento o sensación de desequilibrio.

¿Por qué ocurre?

La explicación no es individual, sino estructural. Durante generaciones, a los hombres se les educó para la autosuficiencia práctica, pero no necesariamente para la alfabetización emocional. A las mujeres, en cambio, se les enseñó a cuidar, anticipar, mediar y sostener.

El resultado no es necesariamente mala intención, sino asimetría aprendida.

Hoy, con relaciones más igualitarias en muchos ámbitos —económicos y profesionales—, estas dinámicas se vuelven más visibles porque contrastan con otras áreas donde sí existe mayor equilibrio.

¿Se puede revertir?

Nombrar el fenómeno ya es un paso importante. El mankeeping no implica culpabilidad automática, sino conciencia.

Algunas claves para equilibrar la dinámica incluyen:

  • Conversaciones explícitas sobre responsabilidades emocionales
  • Distribución real de tareas sociales y afectivas
  • Desarrollo de habilidades de comunicación en ambos miembros
  • Reconocer que el cuidado relacional también es trabajo

Cuando ambas partes participan activamente en sostener el vínculo, la relación deja de depender de una sola energía.

Más allá del término

El mankeeping no es una etiqueta para atacar, sino una herramienta para reflexionar. En una época donde las relaciones se redefinen constantemente, revisar estas dinámicas permite construir vínculos más equilibrados y conscientes.

Porque el amor no debería ser una carga invisible. Debería ser, idealmente, un espacio compartido de responsabilidad emocional.

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