Isa Tena: el oficio de mirar

Con Proyecto Final, Isa Tena se adentra en uno de los personajes más complejos de su carrera y reflexiona sobre el oficio, la exposición pública y la necesidad de preservar su identidad fuera del set.

Fotógrafo: Joch Lucio
Estilismo: Manuel Delgado & Luzma Carrera
Make up & Hair: Kariana Martínez
Agencia: Marka Talent
Producción: Juan Pablo García
Entrevista: Aarón Zavaleta

Contra el mundo

Samantha no pide que el público la quiera. Tampoco intenta justificarse. En Proyecto Final, el personaje entra en escena cargando silencios, inseguridades y una necesidad casi desesperada de ser vista. Para Isa Tena, interpretarla implicó recorrer un territorio incómodo: entender a alguien cuyas decisiones podían resultar difíciles de aceptar sin convertirla en una villana. “Lo más difícil fue encontrar el porqué. Ver toda la psicología detrás de Samantha, todas sus capas y sus matices. Al final entendí que su vulnerabilidad era la clave de sus acciones y de esa necesidad tan profunda de ser vista”.
Samantha no pide que el público la quiera. Tampoco intenta justificarse. En Proyecto Final, el personaje entra en escena cargando silencios, inseguridades y una necesidad casi desesperada de ser vista. Para Isa Tena, interpretarla implicó recorrer un territorio incómodo: entender a alguien cuyas decisiones podían resultar difíciles de aceptar sin convertirla en una villana. “Lo más difícil fue encontrar el porqué. Ver toda la psicología detrás de Samantha, todas sus capas y sus matices. Al final entendí que su vulnerabilidad era la clave de sus acciones y de esa necesidad tan profunda de ser vista”.

Ese proceso terminó modificando la forma en que observa una realidad que suele pasar inadvertida. La serie coloca el bullying lejos de la imagen más evidente de la violencia y lo acerca a comentarios cotidianos, dinámicas de grupo y bromas que terminan dejando cicatrices. Mientras avanzaba el rodaje, Isa descubrió que esas agresiones pueden esconderse donde menos se esperan. “Muchas veces pensamos que el bullying es solamente una agresión física, pero es mucho más que eso. Es algo que puede ser psicológico”. La historia la obligó a hacerse otra pregunta: “Me hizo pensar en los límites a los cuales uno puede llegar para sentirse superior y hasta dónde pueden llevar las acciones disfrazadas de bromas”.

Aunque el público la ha visto crecer frente a las cámaras, ella nunca divide su carrera entre una etapa infantil y otra adulta. La actuación siempre tuvo el mismo peso. Recuerda Mi corazón es tuyo como uno de los proyectos que terminaron de darle forma a esa manera de entender el trabajo. “Desde chiquita aprendí que actuar es mucho más que pararse frente a una cámara y decir un diálogo. Es crear un personaje desde cero, humanizarlo”. Esa idea sigue acompañándola cada vez que recibe un libreto. “Siempre le he tenido un respeto muy grande a este arte”.

Fragmentos de vida

En los años que siguieron llegaron nuevos foros, directores y compañeros de reparto. Isa evita hacer listas de favoritos porque entiende cada producción como parte de un mismo aprendizaje. “Cada persona con la que tengo la oportunidad de compartir en el set ha dejado una huellita en mi corazón y muchas enseñanzas que me llevo por siempre”. Habla de los equipos con gratitud, pero también con la conciencia de que ninguna carrera se construye en solitario.

La relación con el público ha seguido un camino distinto. Las redes sociales acercan, pero también exigen una exposición constante que no siempre está dispuesta a conceder. Comparte fragmentos de su rutina, conversa con quienes la siguen y disfruta esa cercanía, aunque existe una frontera que procura no cruzar. “Todavía estoy aprendiendo sobre el equilibrio porque, aunque agradezco muchísimo el cariño que me da la gente, hay una parte de mí que disfruta mucho su privacidad. No mostrar ciertas partes de mi vida me da paz, siempre voy a apuntar a eso”.

Mi lugar seguro

Quienes la conocen únicamente a través de una pantalla difícilmente alcanzan a ver todo lo que ocurre fuera del encuadre. Ella misma lo reconoce. “Creo que conocen a una Isa que ama actuar y que creció frente a las cámaras, pero hay una parte mucho más humana que sí comparto con mi comunidad… y otra que la gente no conoce porque no la voy a mostrar”. No lo dice con distancia ni con desconfianza. Lo plantea como un límite necesario para conservar un espacio propio en una profesión donde casi todo termina expuesto.

Los personajes que acepta tampoco responden a una estrategia de carrera. Antes de pensar en el tamaño del papel o en la repercusión del proyecto, busca otra cosa. “Desde que leo un guion, si un personaje me obliga a ver una realidad desde otro lugar, sé que es una historia que vale la pena contar”. Esa curiosidad explica por qué no cierra la puerta a ningún género. Hay uno, sin embargo, que aparece de inmediato cuando imagina el futuro: “Me encantaría hacer una comedia romántica. Es lo principal en mi lista. Pero cualquier personaje que esté destinado en mi camino, yo sería la más feliz de darle vida”.

Isa Tena atraviesa un momento en el que el público empieza a descubrir registros distintos a los que la acompañaron durante tantos años. Ella, en cambio, parece medir el tiempo de otra manera. No habla de metas ni de personajes soñados con la urgencia de quien necesita demostrar algo. Prefiere conservar intacta la emoción con la que entra a un foro desde que era niña. Si algún día vuelve a encontrarse con estas páginas, espera reconocerse en cuatro palabras que resume casi en voz baja: “Sensible, agradecida, curiosa… y que me siga emocionando como si fuera la primera vez que entro a un set”

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