Hay lugares que honran la memoria. Hacemos un recorrido por el santuario oaxaqueño Casa Baori, donde el lujo se traduce en caminar descalzo y escuchar el mar.




Manantial de memoria
Oaxaca sabe grabarse en el alma, desde el misticismo de las calles en el centro hasta la belleza de sus playas. Para mí, regresar a estas costas es volver a donde comenzó una parte de mi historia. Fue en Mazunte donde, entre el avistamiento de ballenas y el nado con delfines, me enamoré de mi ahora esposo. Aún guardo la imagen de las tortugas enormes cuyos caparazones reflejaban destellos dorados bajo la luz del amanecer o la sensación de que el mundo se detenía al subir a Punta Cometa. Por eso, al buscar un refugio para nuestro aniversario, sabía que no me interesaba un hotel de cadena, buscaba un lugar que honrara esa memoria de libertad. Fue así como llegamos a Casa Baori.
Ubicada en el corazón de Puerto Ángel, esta joya toma su nombre de un concepto que me fascinó: Baori significa manantial en sánscrito, y vaya que hace honor a la palabra, es un flujo constante de paz. Es una construcción que te invita a caminar descalza todo el tiempo, donde el lujo se toca en la calidez de la tierra y se ve en cómo la luz juega con las sombras de las palapas.
Cuenta con solo seis habitaciones diseñadas para que el Pacífico sea tu único vecino. Cada una tiene una personalidad distinta y nombres que suenan a misticismo local: Becheza, Beu, Biziaa, Bi Nisa, el acogedor Bungalow Badu y Bacanda. Son espacios pensados para el descanso profundo, con camas King Size y baños con duchas de efecto lluvia.






Refugio infinito
Además, si tienes ganas de sentir la arena, la casa se encuentra a solo 15 minutos a pie de Playa Puerto Ángel. Es una pequeña pero hermosa bahía donde la vida transcurre a otro ritmo y donde puedes ver a los pescadores locales traer el pescado fresco cada mañana.
Pero la magia de Baori también está en su piscina infinita, un refugio donde el horizonte se funde con el agua. Para esos momentos de introspección, la sala de lectura y la sala de estar ofrecen el silencio necesario para perderse en un libro y si la inspiración te llega trabajando, el espacio de coworking es el entorno ideal.
Si la arquitectura es el cuerpo de Baori, Zena es su corazón. Ella transforma los ingredientes locales en rituales matutinos en la gran barra de la cocina. Su calidez te hace sentir que estás en casa. Además, las terrazas se convierten en el escenario perfecto para sesiones de yoga al amanecer, terminando de resetear tu sistema nervioso antes de salir a explorar.






Asombro recuperado
Sin duda alguna, estar en Baori me devolvió ese asombro de mi primer viaje. Pasé horas viendo cómo el cielo se teñía de rosa, recordando por qué me enamoré de esta costa hace años.








