El calor era opcional

Secar con luz me sonó a otra promesa vacía, hasta que entendí que la física es la del sol secando el pavimento. Probé la L’Oréal AirLight Pro y esto fue lo que pasó.

La tecnología en la moda

Yo no creo en los secadores que prometen revolucionar nada. Tengo el pelo teñido y las puntas castigadas de tanto calor, y a estas alturas ya escuché todas las promesas: la que iba a repararlo, la que no lo iba a maltratar, la que hacía milagros en diez minutos. Ninguna cumplió. Así que cuando me topé con la AirLight Pro de L’Oréal Professionnel y leí que “seca con luz”, mi primer pensamiento fue: otra más. Lo que no esperaba era que la idea no fuera un invento de marketing. El secador más antiguo del mundo es el sol, y la luz infrarroja es justo lo que evapora un charco en una tarde despejada. Por una vez, la frase tenía física detrás. Me dio curiosidad. La probé.

Un secador normal seca por convección: avienta aire caliente hasta que la humedad se rinde, y de paso abre la cutícula y reseca la fibra a fuerza de insistir. La AirLight Pro le da la vuelta al método. La luz infrarroja va directo a las moléculas de agua y las evapora desde dentro, como el sol con la lluvia, así que el pelo se seca antes y pasa menos tiempo “cocinándose”. La marca habla de secado más rápido, 55% más de hidratación que al aire libre y menos energía, todo a temperaturas más bajas que un secador común. ¿Yo qué noté? Que terminé antes de lo que calculaba y que esa noche las puntas no se sentían como paja. No es magia. Es que dejé de exponerlas a tanto calor sin saber que lo hacía.

Ser profesional sin serlo

No todo me enamoró. Pesa, es ligero para ser un equipo profesional, pero a media cabeza ya lo sientes en la muñeca. Los controles me ganaron las primeras veces, apretaba temperatura cuando quería aire, hasta que les agarré el modo. Y el precio no es para cualquiera, es de herramienta de salón, no de antojo de quincena. Lo que sí me convenció es que de verdad seca, las boquillas magnéticas se reconocen solas y ajustan el aire por ti, el golpe de frío fija el peinado y hay una app opcional donde guardas tus ajustes según tu tipo de pelo. Nada de eso es indispensable. Pero después de un par de semanas, volver a mi secador viejo se sintió como retroceder.

¿Vale lo que cuesta? Para mí terminó dependiendo de una sola cosa: cuánto secas. Si es de vez en cuando, cualquier secador decente te deja bien esta noche. Pero yo seco casi a diario, con un pelo que ya venía maltratado, y ahí la cuenta cambia, porque el daño no es de una vez, es de todas las mañanas sumadas. La AirLight Pro simplemente dejó de empeorarlo. Y después de años echándole fuego a mi pelo sin pensarlo, dejar de hacerle daño me pareció el cuidado más sensato que le he dado en mucho tiempo.

Somos una revista mexicana de estilo de vida para mujeres y hombres. Únete y conoce lo último en lujo, moda, cultura, entretenimiento, salud, viajes y más.

La guía perfecta para ella y él.

Log In

SÍGUENOS EN